El Caballero no sabía qué responder. La duda se notaba en su rostro. Sabía que si se unía con el Dragón, recibiría Gloria y Poder. Tendría en sus manos la posibilidad de cambiar vidas y... controlarlas...
-No lo sé - fue la respuesta -Tengo que pensarlo...
El Dragón resopló.
-Debes saber que tú eres una gran persona Caballeros como tú ya no hay o son muy pocos. Tú tienes la capacidad, la posibilidad de tener un gran futuro... puedes alcanzar grandes metas, yo te vi... podrías llegar a ser un Grande de la Orden del Dragón...
Una imagen cruzó por la mente del Caballero. Se vio a sí mismo blandiendo una espada y todos arrodillándose ante él.
En ese momento, algo ocurrió... La imagen brillante de una doncella de cabello rizado se le apareció y le dijo:
"Caballero... recuerda a quién le sirves... recuerda todo lo que te ha dado... Tú lo amas y Él te ama... te lo ha dicho y te lo ha demostrado..."
"¿Pero... por qué yo? ¿Por qué me sucede esto?"
"Tú sabes lo que son... son ToF's..."
"Sé lo que son las ToF's... pero... ¿Por qué así?"
"Ya sabes la respuesta..."
"¿Y qué pasa si fallo?"
"Él confía en ti... simplemente sigues caminando... de los errores aprende uno... así que adelante... respóndele al Dragón..."
La imagen se desvaneció lentamente... y de nuevo la grotesca cara del Dragón apareció ante sus ojos...
-¿Qué te pasa? ¿Estás meditándolo mucho no?
El Caballero se quitó su armadura lentamente... y fue recordando los momentos más felices de su vida...
el momento en que fue nombrado Caballero, el día en que conoció a la persona más bella de la Tierra, las grandes dichas que le daba compartir con sus amigos las victorias de cada batalla. El hecho mismo de saberse peleando por una causa justa. Fue como si el Sol saliera de nuevo. Una sonrisa iluminó su rostro, y quedándose sólo en camisa y pantalones ligeros, desenfundó la espada, pues ya sabía lo que seguiría.
-No, Dragón. No me uniré a ustedes, porque creo en la razón por la que peleo. Y estoy dispuesto a morir por ella.
-Si es así... entonces ¡muere!
El dragón arremetió contra el joven. Pero éste, tomando su escudo Mäm y blandiendo su espada Espíritu, esquivó el golpe y lanzó una estocada al cuello. El Dragón rugió de dolor y lanzó un coletazo. El Caballero de nuevo brincó asestó otro golpe a la cola, cortándola. El monstruo entonces se levantó y con toda su fuerza trató de embestir al muchacho, éste cerró los ojos y justo cuando parecía que era su fin, con gracia y agilidad saltó y se colocó encima de él. Clavó su espada y recorrió todo el lomo de la criatura dándole un profundo pero no mortal corte.
El monstruo cayó, resoplándo trató de atrapar al chico con sus garras, pero ya muy poca fuerza le quedaba.
-Mátame... -dijo el Dragón
-No... - fue la respuesta -Te dejaré vivo. Yo no mato. Además, quiero que le des un mensaje a quienes te enviaron: Si es necesario lucharé hasta la muerte contra ellos, hasta eliminarlos. Déjenme en paz si no quieren saber quién es Rodru Dreizge.
-Pff... sabes que querrán tu cabeza después de esto no? Los Dragones no aceptan un 'no' como respuesta.
-No te preocupes. Cuento con ello.
Y dando media vuelta, se encaminó de regreso a su pueblo, mientras los rayos del sol lo iluminaban, y la misma naturaleza parecía felicitarlo por su proeza. Había vencido al Dragón. Había superado la prueba. Ahora, la batalla que se avecinaba sería más difícil. Pero no se preocupó. Contaba con la espada y el escudo, y con el apoyo y el amor de todos aquellos que él amaba.
Voy viajando...
Exiliado de mis sueños, voy en busca de la verdad, transito por los senderos de la imaginación, los vientos del Norte impulsan mi voluntad para seguir adelante y deseo, en este trayecto, esculpir almas, ser comunicador de anhelos y fantasías, alimentar la vida y la esperanza de aquellos que se crucen conmigo. Sé que encontraré enemigos en esta aventura, más para defenderme, la pluma y el teclado serán mis aliados, encontraré amigos que sepan echarme una mano, las palabras serán mi espada y con ellas pretendo abrir heridas que sean inolvidables, dejar marcas que nunca sanen, pero sobretodo trascender... quizá logre mi objetivo, quizá falle, sólo espero algún día llegar a mi destino, el cual no será más que la parada para descansar, pues al final construiré un barco que me lleve al límite del infinito...
11 oct 2009
7 oct 2009
Pacto con el Diablo
A veces ocurren ciertas cosas tan extrañas en la vida, que uno no termina de entender la razón por la que suceden. Sin embargo ahí están, a veces son para ponernos a prueba, para ver si de verdad somos tan fuertes como decimos ser.
Yo me he jactado de ser incorruptible, y al menos Rodru lo ha sido... a veces Rubén aflora y puede llegar a caer en la tentación... pero haciendo recuento de mi vida, me parece que jamás he tenido esa desgracia. Más es precisamente por ese récord impecable que el Lado Oscuro intenta seducir con más ahínco a su enemigo...
El Gran Dragón, al ver al Caballero sufrir por las heridas que su ideal causaba entre sus seres queridos, se acercó con palabras melosas y promesas vacías, para tratar de convencerlo de que era necesario abandonar todo lo que él creía, para lograr un bien mayor.
"Mira todo lo que has causado... dices luchar por la justicia, por el amor, pero cada día estás más alejado de tu familia, de tus amigos. Ya no eres más que una sombra para ellos. Saben que no pueden contar contigo ¿Por qué? Todo por pertenecer a esta Orden que tantas restricciones te pone"
El Caballero dudó. ¿Acaso era cierto lo que el Dragón decía? ¿Sus ocupaciones lo habían alejado tanto de sus seres amados que ya sólo lo veían como una sombra?
Trató de defenderse, pero las palabras no salían de su boca.
"No tienes por qué decir nada" dijo el Dragón "Sé lo que ocurre en tu interior. Pero esto no ocurriría si te pudieras dedicar a otra cosa... si quisieras unirte con los Dragones."
"Pero... los Dragones y los Caballeros son enemigos... " balbució.
"Tonterías" fue la respuesta "los Caballeros y los Dragones somos muy parecidos... también creemos en el amor, la justicia, la esperanza, la fraternidad... Sólo que utilizamos nuestro poder para lograrlo. Con nuestro poder podemos evitar que sufra la gente"
"¿Y de verdad hacen el bien?"
"Por supuesto. Sólo que hay quienes nos ven con malos ojos por aceptar otro tipo de creencias. Pero no hacemos daño a nadie"
"¿Entonces, por qué tienen tan mala fama?"
"Por el miedo de los Caballeros más altos... ellos saben que no pueden mantener el control mucho tiempo. Saben que los Dragones creemos en la libertad y a ellos no les conviene que la gente sea libre..."
"Los Caballeros fomentamos la libertad"
"¿Qué clase de libertad? ¿Sólo aquella que conviene según los intereses de... su Rey? Nosotros también tenemos Rey... pero le llamamos... Mmmnfh... ¿Cuál es la diferencia? Como puedes ver es el mismo Rey, sólo que lo nombramos distinto. Nada más. Y no le echamos la culpa de todo lo que sucede, aunque sí creemos que todo es por su Voluntad..."
El Caballero no contestó.
Como Luke en la Estrella de la Muerte. Como Matt Murdock frente a La Mano. Como Jesús en el desierto; el Caballero se econtraba al borde del precipicio, en el que un paso en falso podría costar no solo su vida, sino marcar el destino de muchísimas personas.
"¿Y bien? ¿Cuál es tu respuesta?" inquirió el Dragón...
Yo me he jactado de ser incorruptible, y al menos Rodru lo ha sido... a veces Rubén aflora y puede llegar a caer en la tentación... pero haciendo recuento de mi vida, me parece que jamás he tenido esa desgracia. Más es precisamente por ese récord impecable que el Lado Oscuro intenta seducir con más ahínco a su enemigo...
El Gran Dragón, al ver al Caballero sufrir por las heridas que su ideal causaba entre sus seres queridos, se acercó con palabras melosas y promesas vacías, para tratar de convencerlo de que era necesario abandonar todo lo que él creía, para lograr un bien mayor.
"Mira todo lo que has causado... dices luchar por la justicia, por el amor, pero cada día estás más alejado de tu familia, de tus amigos. Ya no eres más que una sombra para ellos. Saben que no pueden contar contigo ¿Por qué? Todo por pertenecer a esta Orden que tantas restricciones te pone"
El Caballero dudó. ¿Acaso era cierto lo que el Dragón decía? ¿Sus ocupaciones lo habían alejado tanto de sus seres amados que ya sólo lo veían como una sombra?
Trató de defenderse, pero las palabras no salían de su boca.
"No tienes por qué decir nada" dijo el Dragón "Sé lo que ocurre en tu interior. Pero esto no ocurriría si te pudieras dedicar a otra cosa... si quisieras unirte con los Dragones."
"Pero... los Dragones y los Caballeros son enemigos... " balbució.
"Tonterías" fue la respuesta "los Caballeros y los Dragones somos muy parecidos... también creemos en el amor, la justicia, la esperanza, la fraternidad... Sólo que utilizamos nuestro poder para lograrlo. Con nuestro poder podemos evitar que sufra la gente"
"¿Y de verdad hacen el bien?"
"Por supuesto. Sólo que hay quienes nos ven con malos ojos por aceptar otro tipo de creencias. Pero no hacemos daño a nadie"
"¿Entonces, por qué tienen tan mala fama?"
"Por el miedo de los Caballeros más altos... ellos saben que no pueden mantener el control mucho tiempo. Saben que los Dragones creemos en la libertad y a ellos no les conviene que la gente sea libre..."
"Los Caballeros fomentamos la libertad"
"¿Qué clase de libertad? ¿Sólo aquella que conviene según los intereses de... su Rey? Nosotros también tenemos Rey... pero le llamamos... Mmmnfh... ¿Cuál es la diferencia? Como puedes ver es el mismo Rey, sólo que lo nombramos distinto. Nada más. Y no le echamos la culpa de todo lo que sucede, aunque sí creemos que todo es por su Voluntad..."
El Caballero no contestó.
Como Luke en la Estrella de la Muerte. Como Matt Murdock frente a La Mano. Como Jesús en el desierto; el Caballero se econtraba al borde del precipicio, en el que un paso en falso podría costar no solo su vida, sino marcar el destino de muchísimas personas.
"¿Y bien? ¿Cuál es tu respuesta?" inquirió el Dragón...
3 oct 2009
La Noche más Oscura
Otra batalla se avecina, de nuevo muchos soldados con la bandera de la Cruz se encuentran presentes. Y sin embargo hay algo extraño en esta situación: La noche más oscura se cierne sobre todos nosotros, todos aquellos que nos resistimos al cambio, al verdadero, aquél que se da de corazón y de acción, pues preferimos anteponer nuestras necesidades personales antes que mirar hacia aquél hermano que necesita ayuda, una palabra de aliento, un abrazo, un beso.
Preferimos mirar encima de ellos, porque nadie es digno de nosotros. Nosotros, que por llevar un uniforme creemos que nos hemos hecho de un lugar en el Reino Eterno, sin comprometernos a ser imagen y semejanza de aquél que día a día derrama su sangre para otorgarnos vida. Sí, durante un momento nos sentimos maravillados y extasiados al conocer esa verdad, y juramos lealtad hacia Él y dar la vida por la misma razón que Él la da. Pero de repente, la soberbia, la envidia, nuestra pobre naturaleza humana nos vuelve a traicionar. Y lo peor es que permitimos que esto ocurra. Porque es el camino fácil. Porque ir en contra corriente nos hace ver vulnerables, débiles, incapaces de lograr algo que sea aplaudido por una sociedad enferma de egoísmo y placer. Porque nos avergonzamos de enarbolar la bandera de nuestro ejército, o preferimos pavonearnos orgullosos de llevar el estandarte sin atrevernos a marchar a la Guerra sin final. En cualquier caso preferimos quedarnos como simples espectadores de cada Batalla. Si tan sólo tuviéramos la Fe suficiente para tomarla como escudo y entender que por más que nuestros enemigos nos quieran destruir, jamás lo van a lograr... y que la Victoria del Gran Capitán es inminente, decisiva.
Nos decimos soldados y no tomamos las armas. Nos decimos amigos y no nos abrazamos. Nos decimos hermanos, y no nos amamos.
Incapaces de aguantar más... huimos.
Entonces veo con horror cómo las nubes se van formando en el cielo, tan terribles que ningún rayo de luz las puede atravesar. El día se apaga, el sol se pone y el momento en que el mal es más fuerte está llegando cada vez más pronto. Nuestro Capitán y Señor se encuentra solo, abandonado en el campo de batalla, mientras sus seguidores, sus agentes de confianza deciden darle la espalda. Él no se inmuta, sabe que Él solo puede enfrentar y derrotar al Enemigo, más una lágrima recorre su mejilla. Él esperaba que al menos unos cuantos decidieran pararse a su lado y confiar en Él. Poco a poco mi vista deja de servir, una gran oscuridad nubla mis ojos.
La noche más oscura está sobre nosotros. La noche más oscura la hemos traído nosotros. La noche más oscura somos nosotros.
Preferimos mirar encima de ellos, porque nadie es digno de nosotros. Nosotros, que por llevar un uniforme creemos que nos hemos hecho de un lugar en el Reino Eterno, sin comprometernos a ser imagen y semejanza de aquél que día a día derrama su sangre para otorgarnos vida. Sí, durante un momento nos sentimos maravillados y extasiados al conocer esa verdad, y juramos lealtad hacia Él y dar la vida por la misma razón que Él la da. Pero de repente, la soberbia, la envidia, nuestra pobre naturaleza humana nos vuelve a traicionar. Y lo peor es que permitimos que esto ocurra. Porque es el camino fácil. Porque ir en contra corriente nos hace ver vulnerables, débiles, incapaces de lograr algo que sea aplaudido por una sociedad enferma de egoísmo y placer. Porque nos avergonzamos de enarbolar la bandera de nuestro ejército, o preferimos pavonearnos orgullosos de llevar el estandarte sin atrevernos a marchar a la Guerra sin final. En cualquier caso preferimos quedarnos como simples espectadores de cada Batalla. Si tan sólo tuviéramos la Fe suficiente para tomarla como escudo y entender que por más que nuestros enemigos nos quieran destruir, jamás lo van a lograr... y que la Victoria del Gran Capitán es inminente, decisiva.
Nos decimos soldados y no tomamos las armas. Nos decimos amigos y no nos abrazamos. Nos decimos hermanos, y no nos amamos.
Incapaces de aguantar más... huimos.
Entonces veo con horror cómo las nubes se van formando en el cielo, tan terribles que ningún rayo de luz las puede atravesar. El día se apaga, el sol se pone y el momento en que el mal es más fuerte está llegando cada vez más pronto. Nuestro Capitán y Señor se encuentra solo, abandonado en el campo de batalla, mientras sus seguidores, sus agentes de confianza deciden darle la espalda. Él no se inmuta, sabe que Él solo puede enfrentar y derrotar al Enemigo, más una lágrima recorre su mejilla. Él esperaba que al menos unos cuantos decidieran pararse a su lado y confiar en Él. Poco a poco mi vista deja de servir, una gran oscuridad nubla mis ojos.
La noche más oscura está sobre nosotros. La noche más oscura la hemos traído nosotros. La noche más oscura somos nosotros.
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