Voy viajando...

Exiliado de mis sueños, voy en busca de la verdad, transito por los senderos de la imaginación, los vientos del Norte impulsan mi voluntad para seguir adelante y deseo, en este trayecto, esculpir almas, ser comunicador de anhelos y fantasías, alimentar la vida y la esperanza de aquellos que se crucen conmigo. Sé que encontraré enemigos en esta aventura, más para defenderme, la pluma y el teclado serán mis aliados, encontraré amigos que sepan echarme una mano, las palabras serán mi espada y con ellas pretendo abrir heridas que sean inolvidables, dejar marcas que nunca sanen, pero sobretodo trascender... quizá logre mi objetivo, quizá falle, sólo espero algún día llegar a mi destino, el cual no será más que la parada para descansar, pues al final construiré un barco que me lleve al límite del infinito...


10 ene 2012

Prólogo


Bien, antes que nada les mando un cordial saludo a todos los que visitan mi blog, un espacio que tenía descuidado desde hacía bastante tiempo, pero que hoy retomo con un giro distinto. Muchos de ustedes saben que una de mis ambiciones es escribir un libro, contar una historia que tengo guardada desde hace mucho tiempo, desafortunadamente, las presiones de la vida diaria me han mantenido alejado de este proyecto durante un largo rato. Tengo notas e ideas, y poco a poco he ido dándole forma, algunos detalles han variado un poco pero la esencia sigue ahí, la historia que quiero contar continúa presente. Lo cierto es, que el título del libro aún es un problema, tengo la esperanza de que en el transcurso de Es por ello que decidí, con ánimos de obligarme a escribir completa esta historia, utilizar mi blog, pero para ello necesitaré de ustedes, de sus críticas y comentarios, de sus sugerencias y de sus porras. Quizás algún día esta historia pueda ser publicada formalmente como libro impreso, llegar a más personas ¡convertirse en un best-seller! Bueno, se vale soñar, ¿no?
Por lo pronto éste es el reto: escribir y publicar un capítulo por semana, esa será mi función, y la de ustedes, si disfrutan con esto, será exigirme continuar a seguir escribiendo... sin más ni más los dejo entonces con el…

Prólogo

El Gran Templo se encontraba en ebullición. Cientos de aspirantes a ingresar a la antigua Orden Windir, se encontraban ahí presentes, dispuestos a realizar las pruebas para ser admitidos, jóvenes emocionados y a la vez nerviosos. Cada año era lo mismo. Un joven estudiante los miraba con desdén desde una de las torres del templo, sonriendo para sus adentros. Hace mil quinientos años la Orden era considerada un cuerpo de élite, llena de los mejores Magikers en el Reino, pero  hoy se había reducido a un grupo de sabios y curadores. Cierto, era una visión muy simplista, en realidad los estudiantes que llegaban a convertirse en Acólitos tenían la oportunidad de tornarse en expertos de distintas disciplinas, tanto bélicas, como pacíficas. Trascendían las fronteras del conocimiento, y muchos eran solicitados en la corte para formar parte del Consejo Real, o como maestros en las distintas aldeas, y por esta razón había muchos que aún veían a la Orden como una institución honorable. Sin embargo, para el joven no era suficiente. Cuando era niño soñaba con ser parte de la Orden Windir, recordando las hazañas de los grandes Acólitos de antaño, y cuando al fin tuvo edad suficiente para ingresar, fue uno de los aspirantes más sobresalientes, pasó todas las pruebas… más cuando comenzó su entrenamiento, se llevó una gran decepción. ¿Cuántos de los aspirantes estarían ahí por las razones equivocadas? Pensaba mientras miraba el patio repleto ¿Cuántos fallarían las pruebas y cuántos de éstos serían lo suficientemente tontos como para intentarlo de nuevo el siguiente año? En cada periodo de selección de unos doscientos aspirantes que se presentaban, eran rechazados más de ciento cincuenta. La mayoría volvía a sus hogares, dedicados a labores cotidianas, carniceros, granjeros, pescadores. Había algunos jóvenes ricos que esperaban que su apellido les abriera las puertas. Pero en la Orden todos eran iguales, no había nadie más importante que otro. Suspiró. Las pruebas durarían toda la semana, y eso le daría oportunidad para concentrarse en un viejo libro con el que se había topado unos días antes. No había tenido la oportunidad de leerlo, pero quizás éste fuera el libro que le daría las respuestas que tanto buscaba.

“La Guerra de Liberación y la Caída del Imperio”
aut. Thjazi Errotal

Durante los dos años que llevaba estudiando, constantemente se preguntaba por qué no abandonaba el Monasterio. Aún no hacía los votos, no había nada que lo atara realmente a ese lugar. Podría volver a su casa, con su familia, dedicarse a administrar el banco de su padre. Provenía de una familia acomodada, nada le impediría tener una vida cómoda y encontrar una buena mujer, pero algo le decía que él podría hacer la diferencia. Algún día podría buscar las respuestas fuera del Monasterio, con los beneficios de ser un Acólito hecho y derecho, pero de momento, pensó, las pocas respuestas a sus preguntas las podría conseguir de los libros. Hasta ese día, no había tenido mucho éxito. Ya había leído cientos de escritos desde históricos, hasta aquellos considerados apócrifos y fantasiosos, pero ninguno había servido para sus fines. Tal vez, tal vez… Mirando en torno para asegurarse de que nadie lo viera, empezó a leer.

I
Del Ascenso de Vikarr

Cuando una figura sobresale de entre muchas otras, suele pasar que alrededor de su persona surjan los más extraños mitos y leyendas. Más, cuando el personaje en cuestión revela muy poco acerca de sí mismo. Nadie sabe mucho acerca del temible Emperador Vikarr, quien hace mil años fuera considerado como el gran conquistador de Aard, que sometió a los doce Reinos y gobernó durante ciento cincuenta años con puño de hierro. Se decía que su destino estaba marcado desde que antes que él naciera, habiendo sido elegido por la maldad misma. Se cuenta que los padres de Vikarr fueron Señores de una Provincia hoy olvidada perteneciente al Reino de Zagem, a quienes un Oráculo profetizó que algún día uno de sus descendientes sería un niño mitad humano, mitad monstruo, el cual traería grandes desgracias al Reino. Quiso la suerte que su primogénito fuera un bebé deforme, cosa que su padre tomó por señal de que la profecía del Oráculo iba a cumplirse. Dicen que intentaron asesinarlo tirándolo al mar, pero de alguna manera sobrevivió y fue encontrado por corsarios, los cuales lo adoptaron y se lo llevaron a recorrer el vasto Océano.
Más conforme el niño fue creciendo, estos piratas se dieron cuenta que poseía una naturaleza un tanto violenta, y ni aún ellos, siendo unos saqueadores acostumbrados al pillaje, al vandalismo y la destrucción, podían controlarlo, por lo que fue abandonado en la Isla Draupnir para que muriera devorado por los dragones que imperaban en ese lugar. Sin embargo, por circunstancias que hoy todavía escapan al entendimiento de los sabios, fue criado por estas bestias. Desde cuándo los dragones prefieren jugar a los padres con los seres humanos en vez de simplemente utilizarlos como aperitivo, no lo sé. Pero tengo la teoría de que la naturaleza de este personaje no era del todo humana y eso lo ayudó a encontrar, en estas violentas criaturas, la familia que nunca tuvo.
Todo esto son conjeturas, por supuesto, cuentos que pasan de boca en boca, dado que nadie ha sido capaz de encontrar evidencia sólida que respalde este origen. Se los cuento a ustedes, para darle profundidad a un personaje complejo y peligroso como Aard nunca ha conocido jamás.
Lo cierto es que el hombre que se presentó en la corte del Rey Walder de Zagem ofreciendo sus servicios no era para nada deforme, sino que era alto y hermoso, ojos de un negro azabache, y el cabello oscuro como el ébano, todo un guerrero enfundado en una reluciente armadura dorada.
Si era un niño deforme, ¿cómo ocurrió su transformación? Dicen los versados que durante sus años de crianza con los dragones, fue aprendiendo y ejerciendo un control tal sobre la magia, que pudo alterar su apariencia, para mostrarse más humano, pero también que más allá de eso, lo que él buscaba era parecerse a un dios. Se dice también que capturó algunos elfos, y robó su gracia y su belleza física, así como algunas de sus habilidades.
De ser esto cierto, se comprende por qué nunca nadie lo inculpó de la desaparición de Keldavtn, las crónicas relatan que, unos tres meses antes de que Vikarr pidiera su audiencia con el Rey, hubo un ataque devastador a una de las Provincias más ricas del Reino, en el cual pereció prácticamente la totalidad de la población, y los sobrevivientes contaban que fueron monstruos quienes llegaron y acabaron con todo. Contaban que su líder era un ser gigantesco, el cual echaba humo y fuego por la boca. Nadie nunca supo en realidad quién perpetró este ataque, pero hoy se especula que pudo ser el mismo Vikarr, que había dado con su pueblo natal, y en venganza a sus padres por haberlo abandonado, destruyó todo a su paso.
Sea como fuere, el caso es que los relatos más serios concuerdan en que la primera aparición pública de Vikarr, se dio cuando se presentó ante la corte de Zagem y casi nadie se preguntó de dónde venía tan amable y noble muchacho, a la vez tan valiente y audaz y nadie nunca sospechó su verdadera naturaleza.
Rápidamente se convirtió en Capitán de la Guardia Real y en uno de los hombres de más confianza del Rey. En algún momento, no pasó mucho, cuando la Guardia fue enviada a una Misión especial, guiados por el único hijo del Rey Walder, y nadie, salvo Vikarr, regresó. El perder a su hijo fue un golpe muy fuerte para Walder, aún más duro que haber perdido a su esposa años antes. Su salud fue empeorando, y, estando a las puertas de la muerte, nombró heredero al Capitán Vikarr.
Fue en ese momento cuando comenzó el reinado del terror. Vikarr abrió las puertas del Reino a cientos de criaturas oscuras con los cuales comenzó a formar su ejército: trolls, gigantes, duendes, arpías, cíclopes, banshees, gárgolas, mantícoras y por encima de todos, una pareja de dragones: los ahora legendarios Ifreet y Sheiva, de quienes se cree fueron los que adoptaron a Vikarr cuando fue abandonado.
Utilizando la magia, empezó a realizar experimentos con humanos y otras criaturas, creando así nuevas razas que aún hoy deambulan por el mundo: Leabthar, Ulfmadren, Haukrona… De todos ellos, los Narshim fueron su creación más retorcida y perfecta: seres humanos con habilidades aumentadas, que no podían sentir dolor, eran crueles y despiadados y constituyeron su cuerpo de élite, convirtiéndose en los más temidos dentro del nuevo régimen.
Durante su tiempo como Capitán de la Guardia, Vikarr se había hecho de algunos aliados y seguidores, quienes en su reinado fueron premiados por su lealtad con altos cargos y funciones.
Los corsarios y hombres salvajes juraron lealtad a Vikarr, y en poco tiempo su ejército llegó a ser tan grande como poderoso. Desafortunadamente, durante todo este tiempo, la mayoría de los Reinos se encontraban ya fuera peleando unos con otros en disputas territoriales, o viviendo una existencia pacífica, ajenos a lo que ocurría en Zagem. Para cuando los Monarcas se dieron cuenta de la amenaza que representaba ahora el Rey Vikarr, fue demasiado tarde. Ni siquiera los elfos fueron capaces de prever la tragedia que se avecinaba en todo Aard.
Uno a uno, los Doce Reinos de Aard fueron cayendo bajo la imparable fuerza de Vikarr, e incluso los Reinos Libres de los elfos y las ciudades de los enanos fueron sometidos. Tras una campaña bélica que duró tan sólo un año, Vikarr pasó a proclamarse Emperador de Aard, y Zagem se convirtió en la Capital del Imperio.
Vikarr construyó a su alrededor un culto, como ya decía lo que él buscaba era sentirse una deidad, y persiguió a todo aquél que profesara algo distinto a lo que era su palabra. Durante 100 años, impunemente fue acabando con la libertad y la voluntad de todos aquellos pueblos que alguna vez, fueron libres.


II
De la Formación de la Resistencia