Bien,
antes que nada les mando un cordial saludo a todos los que visitan mi blog, un
espacio que tenía descuidado desde hacía bastante tiempo, pero que hoy retomo
con un giro distinto. Muchos de ustedes saben que una de mis ambiciones es
escribir un libro, contar una historia que tengo guardada desde hace mucho
tiempo, desafortunadamente, las presiones de la vida diaria me han mantenido
alejado de este proyecto durante un largo rato. Tengo notas e ideas, y poco a
poco he ido dándole forma, algunos detalles han variado un poco pero la esencia
sigue ahí, la historia que quiero contar continúa presente. Lo cierto es, que
el título del libro aún es un problema, tengo la esperanza de que en el
transcurso de Es por ello que decidí, con ánimos de obligarme a escribir
completa esta historia, utilizar mi blog, pero para ello necesitaré de ustedes,
de sus críticas y comentarios, de sus sugerencias y de sus porras. Quizás algún
día esta historia pueda ser publicada formalmente como libro impreso, llegar a
más personas ¡convertirse en un best-seller! Bueno, se vale soñar, ¿no?
Por
lo pronto éste es el reto: escribir y publicar un capítulo por semana, esa será
mi función, y la de ustedes, si disfrutan con esto, será exigirme continuar a
seguir escribiendo... sin más ni más los dejo entonces con el…
Prólogo
El
Gran Templo se encontraba en ebullición. Cientos de aspirantes a ingresar a la
antigua Orden Windir, se encontraban ahí presentes, dispuestos a realizar las
pruebas para ser admitidos, jóvenes emocionados y a la vez nerviosos. Cada año
era lo mismo. Un joven estudiante los miraba con desdén desde una de las torres
del templo, sonriendo para sus adentros. Hace mil quinientos años la Orden era
considerada un cuerpo de élite, llena de los mejores Magikers en el Reino, pero
hoy se había reducido a un grupo de sabios y curadores. Cierto, era una
visión muy simplista, en realidad los estudiantes que llegaban a convertirse en
Acólitos tenían la oportunidad de tornarse en expertos de distintas
disciplinas, tanto bélicas, como pacíficas. Trascendían las fronteras del
conocimiento, y muchos eran solicitados en la corte para formar parte del
Consejo Real, o como maestros en las distintas aldeas, y por esta razón había
muchos que aún veían a la Orden como una institución honorable. Sin embargo, para
el joven no era suficiente. Cuando era niño soñaba con ser parte de la Orden
Windir, recordando las hazañas de los grandes Acólitos de antaño, y cuando al
fin tuvo edad suficiente para ingresar, fue uno de los aspirantes más
sobresalientes, pasó todas las pruebas… más cuando comenzó su entrenamiento, se
llevó una gran decepción. ¿Cuántos de los aspirantes estarían ahí por las
razones equivocadas? Pensaba mientras miraba el patio repleto ¿Cuántos
fallarían las pruebas y cuántos de éstos serían lo suficientemente tontos como
para intentarlo de nuevo el siguiente año? En cada periodo de selección de unos
doscientos aspirantes que se presentaban, eran rechazados más de ciento
cincuenta. La mayoría volvía a sus hogares, dedicados a labores cotidianas,
carniceros, granjeros, pescadores. Había algunos jóvenes ricos que esperaban
que su apellido les abriera las puertas. Pero en la Orden todos eran iguales,
no había nadie más importante que otro. Suspiró. Las pruebas durarían toda la
semana, y eso le daría oportunidad para concentrarse en un viejo libro con el
que se había topado unos días antes. No había tenido la oportunidad de leerlo,
pero quizás éste fuera el libro que le daría las respuestas que tanto buscaba.
“La
Guerra de Liberación y la Caída del Imperio”
aut.
Thjazi Errotal
Durante
los dos años que llevaba estudiando, constantemente se preguntaba por qué no
abandonaba el Monasterio. Aún no hacía los votos, no había nada que lo atara
realmente a ese lugar. Podría volver a su casa, con su familia, dedicarse a
administrar el banco de su padre. Provenía de una familia acomodada, nada le
impediría tener una vida cómoda y encontrar una buena mujer, pero algo le decía
que él podría hacer la diferencia. Algún día podría buscar las respuestas fuera
del Monasterio, con los beneficios de ser un Acólito hecho y derecho, pero de
momento, pensó, las pocas respuestas a sus preguntas las podría conseguir de
los libros. Hasta ese día, no había tenido mucho éxito. Ya había leído cientos
de escritos desde históricos, hasta aquellos considerados apócrifos y
fantasiosos, pero ninguno había servido para sus fines. Tal vez, tal vez… Mirando
en torno para asegurarse de que nadie lo viera, empezó a leer.
I
Del
Ascenso de Vikarr
Cuando
una figura sobresale de entre muchas otras, suele pasar que alrededor de su
persona surjan los más extraños mitos y leyendas. Más, cuando el personaje en
cuestión revela muy poco acerca de sí mismo. Nadie sabe mucho acerca del
temible Emperador Vikarr, quien hace mil años fuera considerado como el gran
conquistador de Aard, que sometió a los doce Reinos y gobernó durante ciento
cincuenta años con puño de hierro. Se decía que su destino estaba marcado desde
que antes que él naciera, habiendo sido elegido por la maldad misma. Se cuenta
que los padres de Vikarr fueron Señores de una Provincia hoy olvidada
perteneciente al Reino de Zagem, a quienes un Oráculo profetizó que algún día
uno de sus descendientes sería un niño mitad humano, mitad monstruo, el cual traería
grandes desgracias al Reino. Quiso la suerte que su primogénito fuera un bebé
deforme, cosa que su padre tomó por señal de que la profecía del Oráculo iba a
cumplirse. Dicen que intentaron asesinarlo tirándolo al mar, pero de alguna
manera sobrevivió y fue encontrado por corsarios, los cuales lo adoptaron y se lo
llevaron a recorrer el vasto Océano.
Más
conforme el niño fue creciendo, estos piratas se dieron cuenta que poseía una
naturaleza un tanto violenta, y ni aún ellos, siendo unos saqueadores acostumbrados
al pillaje, al vandalismo y la destrucción, podían controlarlo, por lo que fue
abandonado en la Isla Draupnir para que muriera devorado por los dragones que
imperaban en ese lugar. Sin embargo, por circunstancias que hoy todavía escapan
al entendimiento de los sabios, fue criado por estas bestias. Desde cuándo los
dragones prefieren jugar a los padres con los seres humanos en vez de simplemente
utilizarlos como aperitivo, no lo sé. Pero tengo la teoría de que la naturaleza
de este personaje no era del todo humana y eso lo ayudó a encontrar, en estas
violentas criaturas, la familia que nunca tuvo.
Todo
esto son conjeturas, por supuesto, cuentos que pasan de boca en boca, dado que
nadie ha sido capaz de encontrar evidencia sólida que respalde este origen. Se
los cuento a ustedes, para darle profundidad a un personaje complejo y
peligroso como Aard nunca ha conocido jamás.
Lo
cierto es que el hombre que se presentó en la corte del Rey Walder de Zagem
ofreciendo sus servicios no era para nada deforme, sino que era alto y hermoso,
ojos de un negro azabache, y el cabello oscuro como el ébano, todo un guerrero
enfundado en una reluciente armadura dorada.
Si
era un niño deforme, ¿cómo ocurrió su transformación? Dicen los versados que
durante sus años de crianza con los dragones, fue aprendiendo y ejerciendo un
control tal sobre la magia, que pudo alterar su apariencia, para mostrarse más
humano, pero también que más allá de eso, lo que él buscaba era parecerse a un
dios. Se dice también que capturó algunos elfos, y robó su gracia y su belleza
física, así como algunas de sus habilidades.
De
ser esto cierto, se comprende por qué nunca nadie lo inculpó de la desaparición
de Keldavtn, las crónicas relatan que, unos tres meses antes de que Vikarr
pidiera su audiencia con el Rey, hubo un ataque devastador a una de las
Provincias más ricas del Reino, en el cual pereció prácticamente la totalidad
de la población, y los sobrevivientes contaban que fueron monstruos quienes
llegaron y acabaron con todo. Contaban que su líder era un ser gigantesco, el
cual echaba humo y fuego por la boca. Nadie nunca supo en realidad quién
perpetró este ataque, pero hoy se especula que pudo ser el mismo Vikarr, que
había dado con su pueblo natal, y en venganza a sus padres por haberlo
abandonado, destruyó todo a su paso.
Sea
como fuere, el caso es que los relatos más serios concuerdan en que la primera
aparición pública de Vikarr, se dio cuando se presentó ante la corte de Zagem y
casi nadie se preguntó de dónde venía tan amable y noble muchacho, a la vez tan
valiente y audaz y nadie nunca sospechó su verdadera naturaleza.
Rápidamente
se convirtió en Capitán de la Guardia Real y en uno de los hombres de más
confianza del Rey. En algún momento, no pasó mucho, cuando la Guardia fue
enviada a una Misión especial, guiados por el único hijo del Rey Walder, y
nadie, salvo Vikarr, regresó. El perder a su hijo fue un golpe muy fuerte para
Walder, aún más duro que haber perdido a su esposa años antes. Su salud fue
empeorando, y, estando a las puertas de la muerte, nombró heredero al Capitán
Vikarr.
Fue
en ese momento cuando comenzó el reinado del terror. Vikarr abrió las puertas
del Reino a cientos de criaturas oscuras con los cuales comenzó a formar su
ejército: trolls, gigantes, duendes, arpías, cíclopes, banshees, gárgolas,
mantícoras y por encima de todos, una pareja de dragones: los ahora legendarios
Ifreet y Sheiva, de quienes se cree fueron los que adoptaron a Vikarr cuando
fue abandonado.
Utilizando
la magia, empezó a realizar experimentos con humanos y otras criaturas, creando
así nuevas razas que aún hoy deambulan por el mundo: Leabthar, Ulfmadren, Haukrona… De todos ellos, los Narshim fueron su creación más retorcida
y perfecta: seres humanos con habilidades aumentadas, que no podían sentir
dolor, eran crueles y despiadados y constituyeron su cuerpo de élite, convirtiéndose en los más temidos dentro del nuevo régimen.
Durante
su tiempo como Capitán de la Guardia, Vikarr se había hecho de algunos aliados
y seguidores, quienes en su reinado fueron premiados por su lealtad con altos
cargos y funciones.
Los
corsarios y hombres salvajes juraron lealtad a Vikarr, y en poco tiempo su
ejército llegó a ser tan grande como poderoso. Desafortunadamente, durante todo
este tiempo, la mayoría de los Reinos se encontraban ya fuera peleando unos con
otros en disputas territoriales, o viviendo una existencia pacífica, ajenos a
lo que ocurría en Zagem. Para cuando los Monarcas se dieron cuenta de la
amenaza que representaba ahora el Rey Vikarr, fue demasiado tarde. Ni siquiera
los elfos fueron capaces de prever la tragedia que se avecinaba en todo Aard.
Uno
a uno, los Doce Reinos de Aard fueron cayendo bajo la imparable fuerza de
Vikarr, e incluso los Reinos Libres de los elfos y las ciudades de los enanos
fueron sometidos. Tras una campaña bélica que duró tan sólo un año, Vikarr pasó
a proclamarse Emperador de Aard, y Zagem se convirtió en la Capital del Imperio.
Vikarr construyó a su alrededor un culto, como ya decía lo que él buscaba era sentirse una deidad, y persiguió a todo aquél que profesara algo distinto a lo que era su palabra. Durante 100 años, impunemente fue acabando con la libertad y la voluntad de todos aquellos pueblos que alguna vez, fueron libres.
II
De
la Formación de la Resistencia
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