Otra batalla se avecina, de nuevo muchos soldados con la bandera de la Cruz se encuentran presentes. Y sin embargo hay algo extraño en esta situación: La noche más oscura se cierne sobre todos nosotros, todos aquellos que nos resistimos al cambio, al verdadero, aquél que se da de corazón y de acción, pues preferimos anteponer nuestras necesidades personales antes que mirar hacia aquél hermano que necesita ayuda, una palabra de aliento, un abrazo, un beso.
Preferimos mirar encima de ellos, porque nadie es digno de nosotros. Nosotros, que por llevar un uniforme creemos que nos hemos hecho de un lugar en el Reino Eterno, sin comprometernos a ser imagen y semejanza de aquél que día a día derrama su sangre para otorgarnos vida. Sí, durante un momento nos sentimos maravillados y extasiados al conocer esa verdad, y juramos lealtad hacia Él y dar la vida por la misma razón que Él la da. Pero de repente, la soberbia, la envidia, nuestra pobre naturaleza humana nos vuelve a traicionar. Y lo peor es que permitimos que esto ocurra. Porque es el camino fácil. Porque ir en contra corriente nos hace ver vulnerables, débiles, incapaces de lograr algo que sea aplaudido por una sociedad enferma de egoísmo y placer. Porque nos avergonzamos de enarbolar la bandera de nuestro ejército, o preferimos pavonearnos orgullosos de llevar el estandarte sin atrevernos a marchar a la Guerra sin final. En cualquier caso preferimos quedarnos como simples espectadores de cada Batalla. Si tan sólo tuviéramos la Fe suficiente para tomarla como escudo y entender que por más que nuestros enemigos nos quieran destruir, jamás lo van a lograr... y que la Victoria del Gran Capitán es inminente, decisiva.
Nos decimos soldados y no tomamos las armas. Nos decimos amigos y no nos abrazamos. Nos decimos hermanos, y no nos amamos.
Incapaces de aguantar más... huimos.
Entonces veo con horror cómo las nubes se van formando en el cielo, tan terribles que ningún rayo de luz las puede atravesar. El día se apaga, el sol se pone y el momento en que el mal es más fuerte está llegando cada vez más pronto. Nuestro Capitán y Señor se encuentra solo, abandonado en el campo de batalla, mientras sus seguidores, sus agentes de confianza deciden darle la espalda. Él no se inmuta, sabe que Él solo puede enfrentar y derrotar al Enemigo, más una lágrima recorre su mejilla. Él esperaba que al menos unos cuantos decidieran pararse a su lado y confiar en Él. Poco a poco mi vista deja de servir, una gran oscuridad nubla mis ojos.
La noche más oscura está sobre nosotros. La noche más oscura la hemos traído nosotros. La noche más oscura somos nosotros.
Voy viajando...
Exiliado de mis sueños, voy en busca de la verdad, transito por los senderos de la imaginación, los vientos del Norte impulsan mi voluntad para seguir adelante y deseo, en este trayecto, esculpir almas, ser comunicador de anhelos y fantasías, alimentar la vida y la esperanza de aquellos que se crucen conmigo. Sé que encontraré enemigos en esta aventura, más para defenderme, la pluma y el teclado serán mis aliados, encontraré amigos que sepan echarme una mano, las palabras serán mi espada y con ellas pretendo abrir heridas que sean inolvidables, dejar marcas que nunca sanen, pero sobretodo trascender... quizá logre mi objetivo, quizá falle, sólo espero algún día llegar a mi destino, el cual no será más que la parada para descansar, pues al final construiré un barco que me lleve al límite del infinito...
1 comentario:
Saludos Rodru:
Antes que nada que chido está tu blog, la neta hasta me da envidia. Ojalá que este si lo procures y escribas seguido, la verdad comenzaste muy bien, me agrado.
Nos estamos bloggeando.
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