Voy viajando...

Exiliado de mis sueños, voy en busca de la verdad, transito por los senderos de la imaginación, los vientos del Norte impulsan mi voluntad para seguir adelante y deseo, en este trayecto, esculpir almas, ser comunicador de anhelos y fantasías, alimentar la vida y la esperanza de aquellos que se crucen conmigo. Sé que encontraré enemigos en esta aventura, más para defenderme, la pluma y el teclado serán mis aliados, encontraré amigos que sepan echarme una mano, las palabras serán mi espada y con ellas pretendo abrir heridas que sean inolvidables, dejar marcas que nunca sanen, pero sobretodo trascender... quizá logre mi objetivo, quizá falle, sólo espero algún día llegar a mi destino, el cual no será más que la parada para descansar, pues al final construiré un barco que me lleve al límite del infinito...


27 jul 2013

El Caballero de la Noche

A poco más de un mes de haberse estrenado El Caballero de la Noche Asciende en nuestro país, he escuchado todo tipo de críticas hacia ella, diciendo que es inferior a The Avengers: Los Vengadores, o que es una película muy aburrida. Otros, alaban la visión de Christopher Nolan, la manera en que pone a pensar a su público, y la forma en que ha culminado su saga (la cual muchos de nosotros, tuvimos dudas de que se completara, incluido el propio Nolan).

El Caballero de la Noche Asciende es una gran película. Esa es una afirmación en la que todos podemos estar de acuerdo, aun cuando la hayamos amado u odiado, que nos haya desalentado o inspirado. La ambición detrás del último capítulo Batman de Christopher Nolan es enorme, ya sea que lo veamos desde la perspectiva de las casi tres horas de ejecución en IMAX, o por la gigantesca complejidad de la historia, la gran riqueza de personajes, y los temas sociopolíticos y filosóficos que nos presentan en pantalla, El Caballero de la Noche Asciende es la primer película épica real que Hollywood ha producido desde El Retorno del Rey de Peter Jackson. Y es que, no podemos negar que las películas ya no se hacen así.

Tan enorme es su peso, que simplemente reseñar esta película resulta francamente imposible. Podríamos resumir la reseña en que “El Caballero de la Noche Asciende es una satisfactoria conclusión a la trilogía de Nolan, con una inteligente y audaz historia impulsada por un increíble manejo de personajes, así como de actuaciones de los involucrados, y algunos de los mejores efectos visuales de la última década.”

Visto de esta forma, no resulta algo muy detallado. La cosa es, que la confianza que Nolan pone  en su audiencia ha crecido tanto, que no es suficiente hacer un análisis superficial, y catalogar la película con adjetivos como “buena” o “mala”. Para poder argumentar las razones por las que podemos pensar si la película fue o no un éxito, necesitamos sumergirnos en lo que la película presenta, desglosarlo, deshebrarlo y discutir acerca de la historia, los personajes, y la manera en que la película opera en un contexto más amplio. Si no hacemos esto, estaríamos deshonrando una de las más grandes obras del séptimo arte en los últimos tiempos. Es por eso que quise dividir mi análisis de El Caballero de la Noche Asciende en sus frentes más importantes: La estructura de la película, el viaje de Bruce, y el contexto sociopolítico de esta historia. La música, los efectos especiales y otras cosas más relacionadas con el aspecto técnico de la cinta deberán ser descritos por un escritor más competente que yo, puesto que en este cariz no soy muy diestro. En fin, espero sus comentarios, y ojalá encuentren este análisis como un punto de partida para discutir y discernir todavía más.

La estructura
Una de las críticas más sonadas hacia El Caballero de la Noche Asciende es su ritmo lento y a ratos soporífero. Si se tratara de otra película, quizás no encontraría ninguna objeción para esta afirmación, sin embargo, estamos hablando de la última pieza de la trilogía de Nolan. Si alguien pensó que entraría a la sala de cine a ver explosiones, peleas, y golpes al estilo (y perdonen nuevamente la comparación) The Avengers, permítanme decirle que se equivocó de función. Nolan trabaja de manera distinta, y es algo que hace única a su filmografía. Siempre lo hace con toda intención, y su última obra no es la excepción.

Una característica muy notoria y que cambia totalmente respecto a las cintas anteriores de la trilogía, es que, después de establecer este mundo en un contexto tan realista que no da cabida para una Liga de la Justicia, esta cinta se configura en un estilo a manera de cómic, o mejor dicho, un arco narrativo de cómic.

Durante el primer acto, es posible percibir el ritmo de la historia como si de varios issues (o números del cómic) se tratase, cada uno estableciendo a los personajes y su nuevo status, desarrollándolos a lo largo de una serie de sucesos que se sienten incidentales, pero que en el fondo, van relacionados: Gordon bajando a las alcantarillas, Bruce investiga a Selina Kyle, Batman persigue a los esbirros de Bane tras el robo en la bolsa… hasta que ocurre un evento coyuntural que cambia la dirección de la historia: Bane quiebra al murciélago. Vemos cómo la historia no se detiene, sino que continúa desarrollándose al tiempo en que somos testigos de que el villano desata su plan, mientras el héroe se recupera lentamente fuera del escenario, para finalmente culminar en un enorme clímax que se segmenta en varias fases: Batman libera a los policías, Batman se enfrenta a Bane, Batman vuela para detener el dispositivo nuclear.

Es fácil imaginar cada fase de la historia como un número del cómic, y ese ritmo tan serializado, fue muy agradable para mi gusto. Es totalmente diferente a lo que Nolan ha hecho antes, pero, desde mi punto de vista, es adecuado para esta historia. La película anterior, TDK,  bien podríamos compararla con una bala de cañón disparada con un flujo constante de intensidad, apenas dándonos chance de detenerse para recuperar el aliento. Este aspecto reflejaba al loco y anárquico villano de esa cinta.

Sin embargo, Bane es muy diferente al Joker. Los motivos que tiene para aterrorizar a Gotham City no son sólo por “ver el mundo arder” o para probar el punto de que “en el fondo todos podemos caer”. No, él está decidido a destruir a la ciudad usando un plan claro y concreto, y así es como se encuentra estructurada la película. Es rígida, segmentada, sigue pasos. Va sentando las bases de una manera sistemática, y se va volviendo cada vez más grande y frenética conforme avanza la cinta. Y creo que a su manera, esta forma de caos organizado es igual de espeluznante como las maniobras del Joker en la segunda película.

Pero la estructura tipo serie no es lo único que toma Nolan prestado de los cómics. En diversas maneras, esta película se encuentra en un punto más cercano a la mitología de Batman que en las otras películas, pues nos trae de vuelta a la Baticueva, los “juguetitos” de alta tecnología para entretenerse, y habitar este universo con personajes aún más trascendentales que antes.

Miremos a Bane, por ejemplo. Son innegables las diferencias entre el Bane que interpreta Tom Hardy  al Bane típico de los cómics (por ejemplo, en la película, la máscara de Bane le ayuda a inhibir el dolor, mientras que en los cómics, se le provee del suero Venom), pero mantiene la esencia de ser un monstruo gigante, con un dispositivo extraño cubriendo su rostro. Esta imagen  terrorífica tiene su origen en los cómics.
La voz de Bane. Oh, la voz. Hubo quejas de que no se entendía, chistes en Internet haciendo referencia a este detalle, pero sin duda crea un contraste dramático inigualable. Escuchar esa voz, tan jovial, elocuente, digna, que sale de esa imagen tan monstruosa… Quizás la palabra sea ‘inquietante’, pero no alcanza a cubrir lo que le hace sentir a uno. El Bane de Batman y  Robin era una mole humana sin cerebro, mientras que lo que hace Hardy con el papel, se siente aún más fiel a los conceptos del cómic. El Bane de los cómics es ilustrado de una cierta manera, pero el estilo de su discurso y letra sugieren  que no se trata de un villano convencional. En el cómic, este estilo de letra supone al lector un elemento auditivo, y cada uno se lo imagina a su manera. Pero en el cine, no hay necesidad de “suponer” nada. La ventaja el cine es que es posible traer a la realidad tanto voz como imagen, y esto es lo que hacen Hardy y Nolan con Bane.

Se tomó prestado de manera muy libre el arco argumental de Bane: Knightfall (La Caída del Murciélago). La elección de esta línea narrativa me encantó en extremo, no sólo porque fue la primer historia de Batman que leí cuando niño, sino que, en retrospectiva, y con todo y las críticas que este arco pueda tener (que fue creado sólo para obtener más ventas, para simular el éxito de la Muerte de Superman), fue una historia en la que lograron poner en jaque al “hombre que siempre tiene un plan, que siempre piensa en todo”. La película no es una adaptación literal, claro, pero la esencia del conflicto entre Batman y Bane, sigue ahí. En su primer enfrentamiento, Bane destruye completamente a Batman, y se recrea el legendario panel donde Bane “quiebra al Murciélago”. El encarcelamiento de Bruce es algo exclusivo de El Caballero de la Noche Asciende, pero, tal como sucede en Knightfall, Bruce emplea el tiempo de su sanación para estudiar a su enemigo, conociendo cuál es la función de la máscara de Bane, y de esta forma, saber su debilidad. En la lucha final, Batman derrota a Bane desconectando los tubos de su máscara, llevando a Bane hacia un dolor agonizante (en Knightfall, desprovee a Bane de su provisión de Venom y con él su poder, pero el concepto general sigue siendo el mismo).

La mayor diferencia entre este Bane y su contraparte impresa es su conexión a la Liga de las Sombras y Talia al Ghul. Es un cambio que tiene mucho sentido dentro del contexto de una trilogía, dado que  la historia de Nolan se sentiría incompleta si la Liga de las Sombras no regresara en el capítulo final, por lo que al incluir a Talia, al final resulta que Nolan no se aleja tanto de la mitología de Batman como pareciera en un inicio.

Personalmente, la revelación de la verdadera identidad de Miranda Tate no resultó una gran sorpresa. Cualquiera podría decir que hay más de Miranda que lo que se puede apreciar a simple vista, aunque sólo sea por el hecho de que un director no contrata a una actriz tan talentosa como Marion Cotillard para un papel pequeño. Sin embargo, para los que estamos versados en la tradición de Batman, las menciones de Ra’s al Ghul, de la Liga de las Sombras, y de un misterioso vástago indican que Talia está oculta a la vista, y no es ilógico a que éste sea la mujer con la que Bruce Wayne comparte cama.

Estoy muy satisfecho con la forma en que la película muestra a Talia, aunque sí coincida en que se pudo haber hecho mucho más en el primer acto con dicho personaje, para explicar por qué Bruce está enamorado de esta mujer. Me doy cuenta que a muchos les molestó que la revelación se haya mostrado en el último acto de la película, (aunado a una de las peores muertes en el cine) pero creo que eso es parte de la naturaleza de Talia. La verdad acerca de su identidad debe herir a Bruce, tanto como debe herir a la audiencia. La revelación tenía que ocurrir en el momento más crucial, o su impacto hubiese sido menor. Tal y como ocurre aquí, en verdad se logra que haya un peso real y doloroso acerca de la verdad sobre Talia, lo que se suma a la ya considerable presión emocional del último acto. La Talia que interpreta Cotillard es un personaje mucho más comprometido moralmente que en las encarnaciones de los cómics que he leído, pero, como la mayoría de los personajes de Batman, Talia es una creación sumamente maleable, y puesto que Nolan retoma muchos de los pequeños detalles, no me molesta que se alteren algunas cosas para que coincidan con las necesidades temáticas de la película.

Estas pequeñas referencias, así como los guiños aquí y allá a la novela gráfica El Caballero de la Noche Returns de Frank Miller, y la saga Cataclysm y No Man’s Land, realmente lograron despertar al fanático en mi interior, pero lo que sin duda superó todas mis expectativas fue la Catwoman de Anne Hathaway. Sí, sólo se le llama Selina Kyle en la película, pero no hay duda que ésta es Catwoman de cabo a rabo, y me sentí realmente eufórico al ver a este personaje ser traído a la vida de una forma tan impecable.

Por supuesto, no existe una única interpretación de Catwoman en los cómics, pero la Selina que Nolan y Hathaway trajeron a la vida es aquella con la que estoy más familiarizado: Su actitud juguetona y sensual, su preciso estilo de lucha acrobática, su relación de estira y afloja con Bruce y Batman, y la conexión casi telepática que comparten en batalla. Todo lo que me conecta con Catwoman está aquí, y Hathaway es simplemente fascinante en su papel, encarnando el personaje en mente, cuerpo, y alma.

La cantidad de las cosas que ésta sugiere a través del material sin guión (las miradas, los movimientos, las inflexiones, etc.) nos habla mucho acerca del espíritu del personaje y sus motivaciones. Profundizaré más acerca de cómo funciona Selina a nivel temático más adelante, pero Hathaway es simplemente brillante ilustrando la verdad fundamental detrás de este personaje: que es una mujer frustrada dentro de un mundo brutal dominado por los hombres, una astuta estratega que manipula la “mirada masculina” para salir adelante, que altera las típicas ideas que tenemos los hombres acerca de la sexualidad femenina y altera la apariencia externa para encontrar una semblanza de equilibrio en una jerarquía social extremadamente desequilibrada.

Pero, de nuevo, hablaré más sobre Selina más adelante. Por ahora, es importante reiterar cuánta diversión existe al observar a Hathaway en su papel, la sorprendente química que comparte con Christian Bale, y lo increíblemente genial que es ver a Nolan acercarse tanto así a los cómics.

Ambos, Bane y Catwoman, a mi modo de pensar, existen fuera de los estrictos límites ‘realistas’ que Nolan se impuso a sí mismo en Batman Inicia y en El Caballero de la Noche. No creo que estas películas se hayan esforzado tanto en conseguir el mismo nivel de realismo que, digamos, The Wire (Los vigilantes en México) pero sí trabajaron duro para establecer un contexto palpable, relacionable, en el cual ver a este mundo; con personajes trascendentales, una estructura más abierta del cómic, y una escala mucho más grande (Gotham City se convierte en una total zona de guerra), El Caballero de la Noche Asciende es acerca de mandar ese contexto al infierno. Ser testigo del horror que Bane hace llover sobre Gotham City resulta demasiado aterrador porque ocurre en un mundo que vemos sorprendentemente cercano al nuestro, y por lo tanto, Nolan es capaz de discutir sus temas en una escala que es sorprendentemente épica e íntimamente profunda.

Pero antes de pasar a estos temas, primero debemos aventarnos un clavado discutiendo la finalización del viaje de Bruce Wayne, y después, echar un vistazo a cómo El Caballero de la Noche Asciende opera en un contexto sociopolítico más amplio.

La conclusión de un viaje

Cuando Christopher Nolan anunció que ésta sería la última película de Batman, estoy seguro de que muchos, y si no, al menos yo, pensé que la única manera en que esto pudiera ocurrir sería que Bruce Wayne muriera. Las películas de Nolan han sido siempre una exploración de cómo los símbolos son más grandes que los individuos, y por lo tanto, yo encontraba difícil imaginar un final en el cual Bruce Wayne viviera. Si la serie comenzó con la tesis de que los símbolos pueden soportar lo que los individuos no, entonces la conclusión tendría que probar esta afirmación. Y no podría haber mayor evidencia que el fallecimiento de Bruce Wayne. Es decir, si Bruce Wayne muriera, y Batman viviera, la misión de Bruce estaría completa. Batman probaría ser inmortal, su efecto y sus poderes, eternos. Y en cierto modo, estaba en lo correcto. La exploración del impacto simbólico de Batman es uno de los mayores temas en El Caballero de la Noche Asciende, y varios de los nuevos personajes – sobretodo John Blake, interpretado maravillosamente por Joseph Gordon-Levitt – son presentados con el único propósito de demostrar el impacto que las acciones de Bruce han tenido en una generación más joven.

Lo que no predije fue el alcance de las intenciones temáticas de Nolan. Tal y como Bruce Wayne lo hace en la película, sólo pude vislumbrar un sólo final para el viaje del personaje, y creo que esa fue la intención de Nolan. Al inicio de este capítulo final, ya hemos pasado dos películas situados concretamente dentro del alma de Bruce, y dado que él no ve otro final a su historia que el morir por su causa, este es el destino que nosotros predecimos también. Lo que Bruce no toma en cuenta es que, al entregarse completamente a aquello por lo que pelea, puede perderse a sí mismo en el proceso.

En retrospectiva, este es el único lugar lógico al que Nolan podría llevar al personaje en una entrega final. Su fascinación con Batman siempre ha sido la profunda psicología detrás del personaje, el dolor y la angustia que llevarían a una persona a disfrazarse como murciélago y a llevar al límite el potencial de su cuerpo noche tras noche. El Caballero de la Noche Asciende plantea una pregunta que, en este contexto, eventualmente tendría que hacerse: ¿Cuál sería el costo de llevar una doble vida – entregándose por completo, como diría Ra’s al Ghul, “a un ideal” – que se le cobraría al alma humana?

El precio sin llegar a exagerar, es profundo. Al comienzo de El Caballero de la Noche Asciende, Bruce Wayne es un hombre fracturado. Ha puesto demasiado de sí mismo en Batman como para volver a llevar una vida normal, y después de colgar el manto, sólo le queda el dolor y el sufrimiento de los errores pasados y sus demonios personales para que le hagan compañía. El alma de Bruce está en decadencia, y tras la muerte de Rachel, no ve un camino claro de vuelta a la luz, ninguna conexión con la humanidad.
Y si el hombre que estaba destinado a ser un héroe, el guardián de toda una ciudad, pierde su propio sentido de la humanidad, ¿en qué se ha convertido? Si su alma está destrozada, y las vidas de aquellos más cercanos han caído con él (recordemos lo que Jim Gordon ha perdido al comienzo de la película: su familia) ¿de qué ha servido su lucha? Bruce creó a Batman para hacer mejor a las personas, para proteger y darle autoridad a los ciudadanos de su amada Gotham City, pero ¿puede proteger la humanidad de otros si el deterioro de su propia alma lo está comiendo vivo? ¿Puede inspirar el cambio si la apatía y el cinismo han encontrado un lugar en su corazón? ¿Puede inspirar esperanza si no ha guardado ninguna para él?

Alfred advirtió a Bruce de que esto podría ocurrir, una y otra vez, en las primeras dos películas. Aunque apoyaba las nobles ideas de Bruce, Alfred pasó mucho tiempo durante Batman Inicia rogándole a su hijo adoptivo no dejar atrás por completo a Bruce Wayne, sino emplearse en su propio espíritu tanto como lo hacía en el espíritu de Batman y en el de Gotham City. Pero Bruce no escuchó, y, en El Caballero de la Noche, es claro que Batman lo ha consumido. Las consecuencias de estas acciones no se clarifican hasta El Caballero de la Noche Asciende, pero el presagio es intenso. Alfred le pide a Bruce que “conozca sus límites”, pero Bruce está demasiado metido como para tener alguno, y Rachel finalmente abandona a su amor de la infancia, sabiendo que “no llegará un día en el que tú no necesites a Batman.”

Tanto Rachel como Alfred están en lo cierto. Bruce se ha dedicado demasiado a Batman como para alejarse de él con su espíritu intacto; alcanzó su límite, y luego presionó todavía más hasta encadenar su alma en una oscura y solitaria prisión que él mismo fabricó.

La verdadera tragedia es que, por todo el bien que ha hecho a Gotham City, la corrosión personal de Bruce se ve reflejada en la ciudad que tanto ama. El crimen organizado se habrá ido, pero su sentencia de muerte estuvo basada en una mentira. Al haber tomado la responsabilidad de los crímenes de Harvey Dent, Bruce corrompió a Batman, y, peor aún, falló al intentar sanar las heridas que el Joker infligió a la estructura de Gotham City. Restituir el legado de Harvey fue sólo una especie de curita, pero el espíritu de Gotham City carga heridas mucho más profundas. Ocho años después, éstas se vuelven imposibles de ignorar, al igual que el solitario Bruce es incapaz de negar lo bajo que ha caído.

Así, el arco argumental de El Caballero de la Noche Asciende – el arco del viaje final de Bruce Wayne – es curar el deterioro espiritual tanto suyo como el de la ciudad que protege. Porque sólo mediante la búsqueda de consuelo interior, sanando su alma mediante la reactivación de su humanidad dormida, puede el Caballero Oscuro elevarse lo suficiente para inspirar la salvación de Gotham City.

Este era un concepto que no pude vislumbrar cuando pensé en el posible final de la trilogía de Batman, al igual que Bruce no ve la redención espiritual como un rumbo que su vida podría tomar. Alfred, sin embargo, cree que Bruce tiene lo necesario para cambiar, y es el primer personaje en sugerir que Bruce serviría mejor si se levanta por encima de su oscuridad interior.

Debo desviarme aquí, por un momento, para alabar el asombroso impacto emocional del trabajo de Michael Caine en esta película. Lo que él y Christopher Nolan han logrado con Alfred va más allá de cualquier otra previa interpretación del personaje, y, de todos los intentos que Nolan ha hecho para traer a Batman a ‘nuestro’ mundo, me parece que Alfred se mantiene como el anclaje humano por excelencia. Tras ver lo que ha hecho Caine con el papel, es imposible para mí mirar a las anteriores versiones de Alfred y comprender cómo este hombre podría vivir dejando que su hijo adoptivo actuara tan peligrosamente. Caine hace que el dolor de Alfred, que se ha aferrado a él tan profundamente y por tanto tiempo como el de Bruce,  sea inmediato, visceral, y sensible. No es tan sólo la paradigmática voz de la razón ni tampoco la caja de resonancia de los puntos temáticos de Nolan; él cumple ambas funciones, pero destaca en muchas más, todo sin dejar de ser profunda y reconociblemente humano.

Tiene sentido que un personaje tan profundamente palpable fuese el que introdujera los temas de sanación espiritual a El Caballero de la Noche Asciende. Esta vez, Alfred no está preocupado únicamente por lo que Bruce le está haciendo a su cuerpo; está preocupado de que, al tomar la decisión de resucitar a Batman, Bruce no esté confrontando sus problemas más profundos. Gotham City no necesita a un héroe roto e incompleto que la salve, y el corazón de Bruce nunca sanará si se sumerge más y más profundamente en el oscuro mundo de Batman sin una conexión a la humanidad.

Pero Bruce no escucha; si lo hubiera hecho, El Caballero de la Noche Asciende hubiese sido una película extremadamente corta. Rechaza las duras verdades detrás de las palabras de Alfred, y Alfred lo abandona, el único camino que queda abierto para él si es que desea dejar de permitir lo que Bruce hace.

La partida de Alfred genera una desorientación significativa no sólo para Bruce, sino también para la audiencia. Hay una cierta estructura arraigada y cómoda en cómo Alfred aparece a través de las películas de Nolan, y cuando él se va, su ausencia se siente profundamente. Es como si hubiera un vacío oscuro y persistente en el corazón de la historia, uno que es imposible de ignorar. Alfred es, tanto para Bruce como para la audiencia, la mayor conexión con la humanidad en esta serie, pero realmente no nos damos cuenta de su importancia hasta que se va.

Esta es, claro está, la meta que pretende lograr Alfred al irse. Si no puede hacer que Bruce reexamine las decisiones de su vida, quizás su ausencia pueda. Sin nadie a quien recurrir, Bruce quizás pueda finalmente mirar hacia adentro.

Pero Bruce aún tiene su identidad de Batman a la cual recurrir, y con Alfred fuera del cuadro, se refugia tras el manto todavía más que antes, embarcándose en una arriesgada misión para encontrar a Bane. Dado lo que sabe Bruce de su enemigo, y el relativamente poco tiempo que ha pasado entrenando su cuerpo para la confrontación, es la arrogancia de Bruce, tanto como la crueldad de Bane, la que lleva a que éste último quiebre al Murciélago.

Y, en un lado sumamente irónico, es la brutalidad de Bane la que, a la larga, lleva a Bruce a la salvación. Al quebrar su cuerpo, Bane despoja a Bruce de Batman, el último escape que tenía para aferrarse, y en la horrible cárcel dentro del pozo en que lo deja, Bruce no tiene nada en qué confiar más que en él mismo. Ni en Batman, ni en Alfred, ni siquiera en Gordon. Está verdadera y completamente solo, en nada en qué enfocarse más que en su propio espíritu fracturado, simbolizado por un cuerpo roto. Debe fortalecerse, sanar, y llegar a un más profundo entendimiento entre cuerpo y mente si desea ascender de la oscuridad y regresar triunfante.

Y logra ascender, y logra regresar, más fuerte, más sano, pero lo más importante, completo, quizás por primera vez desde el asesinato de sus padres. Es en ese pozo que Bruce sintetiza los muchos aspectos violentos de su personalidad en una sola identidad fuerte y unificada. Su lucha es simbolizada por el desafío de una escalada mortal, pero esto no es más que la metáfora de los problemas más profundos que están en juego.

Examinemos las tres diferentes emociones que Bruce utiliza en sus intentos al escalar el pozo: Primero está la desesperación. La ansiedad que le viene al ver a Gotham City caer en pedazos hace que Bruce actúe con rapidez. Aunque la desesperación puede ser poderosa como una inspiración momentánea, nunca podrá proveernos de una catarsis duradera. Bruce necesita superar sus problemas emocionales. Es así que falla, y quita la desesperación de su mente rompiendo la televisión que Bane le ha proporcionado, moviéndose un paso más cerca de encontrar la calma interna requerida para lograr su tarea.

Lo siguiente es la ira. Bruce canaliza su ira – hacia Bane, hacia él mismo, hacia la situación – en su misión, pero tampoco es lo suficientemente poderosa. La ira nos ata, nubla nuestra visión, y nos hace cometer actos terribles. Fue la ira la que casi destruye el futuro de Bruce en Batman Inicia, cuando la ira lo llevó a considerar matar a Joe Chill, el ladrón que asesinó a sus padres. Bruce tuvo que despojarse entonces de su furia para volverse mejor, y tiene que hacerlo ahora. La ira no lo ayudará a levantarse. 

No, lo que impulsa a que Bruce salga de su celda es el miedo, el primer tema introducido en la trilogía de Nolan. Bruce alguna vez usó el miedo como combustible; fue la inspiración detrás de Batman. Recordemos las palabras de Ra’s: “Para manipular el miedo sobre los demás, primero debe aprender a dominar los suyos”. Pero durante el desarrollo de su viaje, Bruce dejó de tener control sobre su mayor temor, y ese miedo, a cambio, se apoderó de él.

¿Cuál es este miedo? Esta es una de las grandes preguntas de libre interpretación dentro de la trilogía, una de la que cada espectador podrá sacar diferentes conclusiones. Personalmente creo que el verdadero temor de Bruce es el concepto del fracaso, la posibilidad de que pueda ser incapaz de ayudar a aquellos que ama. Este miedo nació al momento del asesinato de sus padres, una situación en la que él se sintió impotente. Revisando la historia de Bruce, es claro que mucho de lo que lo guía proviene de un deseo subconsciente de deshacerse de las incapacidades humanas más básicas, volverse extraordinario para que esos trágicos fracasos, como la pérdida de sus padres, nunca le vuelvan a suceder. Los murciélagos y la oscuridad son meramente símbolos; lo que Bruce realmente teme son las emociones carentes de poder que ellos encarnan.
Batman nació de la necesidad de convertir ese miedo en poder, para probarse a sí mismo y a la gente de Gotham City, que la impotencia no era algo a lo cual había que rendirse, sino a algo a lo que habría que elevársele. Y por un tiempo, Batman hizo eso, para Bruce y para Gotham City. Pero los eventos de El Caballero de la Noche fueron un punto coyuntural, ya que Bruce se encontró con obstáculos que ni siquiera Batman pudo esquivar. No pudo proteger a vidas inocentes de la locura del Joker; no pudo salvar a Harvey Dent, el ‘caballero blanco’ de Gotham City, de dejarse llevar por la oscuridad; ni siquiera pudo salvar a Rachel, la persona que más le importaba, de su mortal destino.

Éstas fueron las experiencias que se fueron agriando dentro del corazón de Bruce en el transcurso de los ocho años que nos llevan a El Caballero de la Noche Asciende. El vivir con esa culpa, día con día, despojó a Bruce de su fe en sí mismo y sobretodo, en Batman. El miedo regresó, pero no como poder, sino como una incapacidad de ver la luz.

Solamente cuando Bruce se da cuenta de esto – del rol que su propio miedo juega en su vida – es que es capaz de completar el ascenso. Un humilde Bruce, que, despojado de protecciones e ilusiones, una vez más acepta los miedos dentro de su corazón, aprendiendo esta vez a vivir con ellos no como un súper humano, sino como Bruce Wayne, nada más que un simple hombre.

Así es como su alma se cura, y así es como es capaz de reconstruir su identidad desde el polvo, primero como Bruce Wayne, luego como Batman, y después como un símbolo para Gotham City. Cada identidad debe ser sintetizada, como una poderosa colectividad en vez de una individualidad, para que Bruce ascienda sobre la oscuridad. Y logra ascender, fuera del pozo y de vuelta a Gotham City, donde Batman salva la ciudad, rehabilita su imagen, e inspira a la gente fuera de su apatía.

Ahora regresaré a mi punto inicial: la idea de que para fundamentar el poder simbólico de Batman, Bruce Wayne debe morir. Como dije antes, no pude ver el tema de la redención al especular cómo podría terminar la trilogía, y por ello las alternativas del final se me escaparon. Sin embargo, la muerte sigue siendo parte del juego final de Nolan, y aunque Bruce finge su propio fallecimiento, el efecto del que hablé anteriormente sigue siendo el mismo.

La gente de Gotham City ve morir a Batman por ellos, y aquellos que conocían la identidad del Caballero Oscuro están de luto por Bruce Wayne. Pero las acciones de Batman no se olvidan, y se convierte en el símbolo de esperanza, unidad y progreso que Bruce pretendía que fuera. Gotham City erige una estatua en honor a Batman, y la Batiseñal es reinstalada en los cuarteles del GCPD.

Pero el más claro ejemplo del legado de Batman está basado en un personaje tejido en la tela de El Caballero de la Noche Asciende a través del oficial John Blake, y de la casa para huérfanos que cuida. Blake es un personaje esencial, pues representa lo que las acciones de Batman han significado para una generación más joven. Como niño, Blake pudo haber crecido sin el poder sanador de la esperanza de no haber sido por la presencia de Batman, y él sigue los pasos del Caballero Oscuro de muchas formas en el transcurso de la película. Mientras tanto, los niños del refugio del que proviene Blake también creen en Batman, aunque apenas son lo suficientemente mayores como para  recordarlo. Esto demuestra que, incluso en la ausencia de Batman, su efecto se siente por las generaciones más jóvenes, aquellas que, dentro de algún tiempo, heredarán Gotham City.

Resulta brillante, entonces, que Nolan finalice su trilogía permitiendo que Blake, uno de esos jóvenes inspirados por Batman, literalmente ascienda como el sucesor de Batman. Esto prueba que el legado de Batman jamás será olvidado, la antorcha será llevada literalmente por Blake, y figurativamente por la gente de Gotham City, que le debe su vida al Caballero Oscuro. Batman se ha convertido en algo más grande que Bruce Wayne, y Gotham City será mejor por ello.

El concepto no está dado únicamente por un guiño al final de la película. Una de las mayores fortalezas de El Caballero de la Noche Asciende, desde el principio hasta el final, es lo bien que el personaje de John Blake está desarrollado. Joseph Gordon-Levitt es más que fantástico en su papel, totalmente convincente en cada escena, y Blake se vuelve todavía más interesante mientras sus ojos se abren a las mismas verdades que llevaron a Bruce Wayne a tomar el manto. También hay algo divertido con la inclusión del personaje y su importancia, considerando cuánto se opuso Nolan alguna vez a la idea de Robin. Los fans de los cómics sabemos que, cuando es tratado correctamente, Robin es un elemento crucial para la mitología de Batman, y es bueno ver que Nolan reconoce esto, aun cuando Blake es más un homenaje a Robin que una adaptación en sí.

En cualquier caso, debemos finalizar analizando la decisión de Bruce de fingir su propia muerte. Habiéndose elevado simbólicamente y tras haber sido aceptado por Gotham City una vez más, Bruce fácilmente podría haber continuado su papel como Batman; no hay una necesidad inmediata para su partida.

Nuevamente llegamos a la libre interpretación del espectador, pero consideremos lo que escribí acerca de la necesidad que Bruce tiene de sanarse primero a sí mismo, antes de que pueda atender las necesidades de una comunidad. Dadas las experiencias que Bruce tuvo en el transcurso de la trilogía, él sabe que, si regresa a ser Batman, el patrón se repetirá: Batman lo hará bien por un tiempo, pero las cosas se pondrán feas, y, como ser humano, será incapaz de soportarlo. Como Harvey Dent dijo una vez: “mueres siendo el héroe, o  vives lo suficiente para convertirte en el villano.”

En cierta forma, Bruce y Batman murieron siendo héroes, y serán recordados como tales. El legado de Batman está a salvo. El símbolo continuará haciéndole un bien a Gotham City, especialmente en las manos de John Blake. Batman es más grande que Bruce ahora, y de esta forma, Bruce tiene la capacidad de hacer lo que alguna vez le prometió a Rachel: Dejar a Batman atrás y simplemente vivir su vida.

Es una promesa que debe mantener, no sólo por ella, sino por Alfred. Como Batman dijo al final de El Caballero de la Noche: “la gente merece que su fe sea recompensada”. Y simplemente continuando con su vida –junto a Selina Kyle, otra alma perdida necesitada de un nuevo comienzo – Bruce cumple esas promesas, y mantiene las tres películas con un significativo crecimiento de personaje. Puede que se aleje radicalmente de nuestro concepto típico de quién es Batman, pero para mí, si Bruce no hubiera dejado atrás a Batman al final de la película, entonces una trilogía de desarrollo hubiera sido para nada.

Y, por supuesto, el moverse hacia el contexto del sueño de Alfred – encontrarse a Bruce en sus vacaciones, feliz y contento con una familia propia – es una conclusión tan emocionalmente satisfactoria como la que cualquier historia podría pedir. Alfred es, como dije, el anclaje humano más profundo dentro de la serie. Y después de un largo y arduo viaje, Bruce Wayne finalmente se ha unido a él. Está completo.

El contexto sociopolítico

Christopher Nolan siempre ha tenido en mente problemas sociales más grandes al momento de ir creando estas películas, y, de muchas maneras, su saga de El Caballero de la Noche tiene sus raíces tanto en una amplia teoría sociopolítica como en la deconstrucción psicológica de sus personajes.

En Batman Inicia, parte de lo que hace que Bruce Wayne se ponga la capucha es la idea de que la misma sociedad está quebrada. El hecho de que Gotham City se parezca más y más a algunas ciudades que conocemos conforme pasan las películas no es mera coincidencia, las películas se establecen en nuestro mundo, y desde el punto de vista de Nolan, nuestro mundo se está desmoronando bajo nuestros pies. Los criminales mandan en las calles, la policía mira para otro lado, los políticos actúan bajo sus propios intereses, y aunque los ciudadanos ordinarios pagan el precio una y otra vez, tampoco ellos están libres de culpa. Una profunda apatía se ha instalado en Gotham City; y mientras las personas sigan apartando la vista y permitan que un sistema cada vez más deficiente se perpetúe a sí mismo, la destrucción continuará sin problema alguno. Esta es una sociedad tan fundamentalmente defectuosa, que desde el punto de vista de Bruce, la única manera de influir en un cambio significativo es operar fuera de los parámetros institucionales existentes, y de ahí la creación de Batman.

Con esto en mente, El Caballero de la Noche Asciende lleva este asunto latente al siguiente nivel. Si la misma sociedad ha fallado por completo, y no se puede reparar desde el interior, ¿está justificada entonces una revolución?

La respuesta, por supuesto, es no, dado que la voz de la revolución en la película es Bane, quien no únicamente es malvado, sino que también cree que Gotham City está tan lejos de la salvación que ni siquiera la reestructuración de la sociedad podrá lograrlo; únicamente le da a la gente su revolución para atormentarla, para darle a la clase baja un pequeño destello de esperanza antes de que el dispositivo nuclear acabe con todo.

Sin embargo, el concepto de revolución está en el corazón de la película. Por supuesto, los métodos de Bane son retorcidos y erróneos en todos los niveles, y eso puede llevar a algunos a simplificar la lectura del material. La retórica de Bane –de quitar el control de Gotham City a los ricos, los privilegiados y los poderosos y ponerlo en manos “del pueblo” – sin lugar a dudas hace eco de las protestas del movimiento Occupy Wall Street, y estoy seguro de que alguno que otro conservador verá la película como una acusación severa de lo que conocemos como ‘la lucha de clases’. Pero estaría equivocado. Nolan rechaza los métodos terroristas de Bane, pero, en múltiples momentos, está de acuerdo con la idea de desear la revolución. Bane solo fue capaz de manipular a la gente de Gotham City al aprovecharse de sus impulsos más elementales, y para las masas, eso implica la promesa de nivelar el campo de juego. No es un deseo irracional. Como un reflejo de cualquier país globalizado, Gotham City se ve afectada por los mismos problemas económicos que afectan a las clases media y baja de nuestro país: problemas como la creciente desigualdad de ingresos y la falta casi total de movilidad social se han vuelto demasiado grandes como para ser ignorados, y si bien hay quienes menosprecian su importancia, Nolan no es uno de ellos.

Si lo fuera, Selina Kyle no sería interpretada como una representación compasiva del 99% de la población, y Bruce Wayne jamás hubiera tenido que hacer frente al hecho de que posee una exorbitante riqueza en una época en la que muchos están luchando peor que nunca. Claro, Bruce es un buen hombre que destina su riqueza en gran medida a acciones altruistas, y Selina es una ladrona con una extraña brújula moral. Aun así, ambos creen que hacen el bien basados en los contextos en los que crecieron, Nolan deja muy en claro que ninguno tiene totalmente justificadas sus acciones.

Selina viene de la nada, y probablemente creció en un ambiente social donde el no tener nada complicaba la existencia a medida que pasaba el tiempo. Su solución – el robar a su paso por el mundo – no es éticamente correcta, pero es fácil imaginar la combinación exacta de desesperación e indignación (no sólo por la creciente desigualdad, sino también por el incremento de la preferencia del gobierno hacia los privilegiados) que conducen a una persona a ver el robo como el único camino posible, especialmente si aquellos que son asaltados poseen más que suficiente para continuar su camino.

Las acciones de Selina no son toleradas, pero tampoco están condenadas por completo. Bruce probablemente pudo haber recuperado las perlas de su madre en su primer encuentro si lo hubiera querido, y hubiera sido muy fácil entregar la ubicación de Selina a la policía de inmediato. Pero aunque desaprueba sus métodos, Bruce ve legitimidad en las emociones que inspiran esas tácticas. En vez de repudiar a Selina, Bruce trata de redirigir su ira hacia caminos más positivos.

La ira es, después de todo, la clave misma de la creación de Batman. La furia hacia un mundo que se ha ido por el camino equivocado es parte de lo que obligó a Bruce a convertirse en un vigilante enmascarado, pero para permanecer estoico, Bruce tuvo que mantener esa ira a raya, para asegurarse de que nunca lo consumiera. Selina está, en cierto modo, consumida, es más joven y más ruda, una fuerza bruta de pasión capaz de grandes hazañas y un daño significativo. Desde el principio, muestra tanto el deseo de dejarse llevar por sus deseos carnales e iniciar la revolución, como el deseo de elevarse por encima de ira y encontrar vías más constructivas de cambio. Bruce la empuja por un camino más constructivo, corrigiendo gradualmente sus métodos y al mismo tiempo cuidándose de no rechazar sus sentimientos.

Este armonioso medio camino es donde, yo me imagino, Nolan deja caer los problemas sociales modernos. Los problemas políticos que Selina destaca no deben ser ignorados, tampoco deslegitimizados, pero reaccionar en extremo, como lo hace Bane, jamás será la respuesta. Sí, la sociedad es profundamente defectuosa, pero detonar la cultura moderna y comenzar desde cero no es la solución.
Aun así, si Nolan no tuviera empatía con la rabia pura y simple que alimenta la causa de Bane, Talia al Ghul no sería parte de la historia. Si Bane continuara como el máximo árbitro de la destrucción de Gotham City hasta el final, perderíamos la perspectiva sobre la genuina furia detrás de Bane y las acciones de la Liga. Bane, después de todo, es tal como es debido a que ése es el papel que desempeña en el mundo. ¿Qué otra cosa puede hacer un hombre que ha recibido una educación oscura, horriblemente desfigurado, y un impulso para destruir?

Pero Talia es diferente. Talia es hermosa, inteligente, y carismática; ella podría ser cualquier cosa, lo que ella quisiera. Que ella vea la destrucción de Gotham City como la única forma de ‘hacer el bien’ sólo  demuestra hasta qué punto se encuentra desesperada y qué tan desmoralizado se ha vuelto el mundo. El hecho de que alguien que podría ser la mejor de todos intentaría cometer un acto tan terrible es profundamente perturbador. Con Bane, o el Joker, o algún otro villano importante de la serie, el mal es algo que se espera; ese es el rol social y paradigmático que juegan. Pero Talia no tiene por qué ser así, y es por ello que resulta tan interesante. Más importante aún, es por ello que su traición es tan dolorosa, tanto para Bruce como para la audiencia; su pérdida total de esperanza y los medios destructivos  que utiliza para llegar a un fin nos muestra qué tan hundido está el mundo.

Pero de nuevo, dejarse llevar por una furia aplastante no es la respuesta. La pasión que sentimos hacia los problemas del mundo debería llevarse hacia salidas más positivas, más constructivas. Si nuestras fracturadas instituciones tienen que arreglarse, debe inspirarse un cambio significativo a niveles individuales; cada uno de nosotros debe encontrar en su interior el poder y la voluntad para ser mejor. Ese es el punto de una figura simbólica como Batman. Existe fuera de la estructura social, pero no para revolucionar o reconstruir esa estructura. Como Bruce le dice a Gordon al final de la película, la idea detrás de Batman es que él podría ser cualquiera; si alguien extraordinario puede alzarse desde lo ordinario, entonces todos deberíamos, teóricamente, inspirarnos para hacer el bien y ser mejores, y el sistema quizás se corrija a sí mismo para ayudar a todos, en vez de elegir a unos cuantos.

Ésta es la solución que, en su propia y retórica forma, nos presenta El Caballero de la Noche Asciende. Al término de la película, Gotham City está más fracturada que antes, pero el poder simbólico de Batman ha sido restaurado y revitalizado, la gente tiene una fuerza policiaca en la cual puede confiar nuevamente, y tanto los ciudadanos ordinarios (como John Blake) como los extraordinarios (como Selina Kyle) están comenzando a hacer su parte para mejorar el mundo. Batman ha probado que la revolución no es la respuesta, y que hay alternativas viables y positivas para elaborar un sistema funcional.

El mensaje de Nolan no es simple. No está en blanco y negro, no es políticamente partidista, ni siquiera diría que es particularmente optimista. Pero es, a su modo, esperanzador. Nolan sugiere que podemos ajustarnos a lo que nuestro corazón nos dice y al mismo tiempo elevarnos por encima de nuestros instintos, y que al hacerlo, realmente podremos favorecer y mejorar el mundo que nos rodea.

Conclusiones

Ahora regresaré a mi punto inicial: El Caballero de la Noche Asciende es una  gran película.
El Caballero de la Noche Asciende es, como dije antes, una de las pocas verdaderas películas épicas (o epopeyas) que Hollywood ha producido en la era moderna. Claro, podría alguien argumentar que Transformers, Avatar, o incluso The Avengers: Los Vengadores (la cual me gusta mucho más que las otras dos mencionadas) son ‘épicas’, pero esto se debe más que nada a una aplicación indebida de la palabra, toda vez que, el hecho de sólo llenar a una película hasta el tope con coloridos efectos visuales creados por computadora, no importando qué tan bien se haga, no cuenta realmente como ‘épico’.

Una historia épica debe tener un alcance tal que abarque un vasto lienzo narrativo, emocional, temático y visual; una épica debe presentar un conjunto amplio de personajes complejos y multidimensionales; y una épica debe innovar, empujando al medio cinematográfico a más lejos de lo que ha estado antes. Una épica es, en pocas palabras, una extraordinaria hazaña a la mayoría de los espectadores modernos están desacostumbrados. En mi opinión, la trilogía de El Señor de los Anillos, es la última épica verdadera que Hollywood ha producido.

Hasta ahora, por lo menos, ya que creo firmemente que El Caballero de la Noche Asciende es una verdadera hazaña épica del cine. Lo cierto es que Nolan rodó la película utilizando tantos efectos prácticos como le fue posible, empleando el CGI sólo cuando no había otra forma de ejecutar la toma, y un número sin precedentes de extras fueron empleados para darle a las escenas más grandes la escala apropiada. Más notablemente, 11,000 extras llenaron las butacas en la secuencia del fútbol americano, la cual fue filmada enteramente en locación; la incursión de Bane en la Casa de Bolsa de Gotham City en realidad fue rodada en Wall Street en Nueva York; y un sinnúmero de actores, stunts, y extras llenaron las calles de Pittsburgh para la climática batalla entre las fuerzas de Bane y la policía de Gotham City, con Christian Bale y Tom Hardy peleando al centro del alboroto. Y eso sin contar la filmación internacional para la hipnotizante secuencia del prólogo o la gigantesca puesta en escena del regreso de Batman a la acción en el primer acto.

Nunca ha habido nada como El Caballero de la Noche Asciende estrenada en cines, y cada una de las escenas antes mencionadas es tan poderosa e inventiva, cada una de diferentes maneras, que el ver la película me hizo recordar, una y otra vez, del impresionante poder que tiene una película para capturar la imaginación.

La batalla final entre los hombres de Bane y el Departamento de Policía de Gotham City, Bane y Batman peleando en medio del caos, simplemente me dejó alucinado. Es un enorme conjunto de piezas, con cada centímetro del caos, devastación y dolor traducido perfectamente a la audiencia, y todo está capturado claramente y coherentemente, escenificado a la perfección y con un ritmo tal que genera la máxima tensión y emoción. Con la posible excepción de la batalla del Abismo de Helm en Las Dos Torres, nunca he visto la acción de una película ejecutada a tal escala.

Y la parte loca es que Nolan no se detiene aquí. Una vez que Bane ha sido derrotado, Batman se involucra en una persecución aérea por toda la ciudad, un conjunto de piezas aún más grande y extendida que la que la precede. Los finales ya no son así de grandiosos. Es francamente increíble que Nolan, un director que estaba muy incómodo siempre en torno a la acción hace sólo siete años al comenzar la serie, se ha desarrollado al punto que perfectamente puede realizar algunas de las mayores hazañas cinematográficas que jamás se hayan intentado.

Con todo esto dicho, cabe resaltar que no creo que esta película alcance la calidad magistral de su predecesora. Sigo creyendo que El Caballero de la Noche es una de las más grandes películas de todos los tiempos y, de momento, no pienso lo mismo acerca de El Caballero de la Noche Asciende.

Pero no tomen esta comparación como una queja. Estoy enamorado de esta película, y totalmente agradecido con Warner Bros. por haber dejado que Christopher Nolan terminara su trilogía bajo sus propios términos. Jamás hemos visto algo como El Caballero de la Noche Asciende, y dudo que lo hagamos próximamente, a menos que Nolan tenga alguna idea todavía más grande en mente que Warner esté interesado en financiar.

Ya fuera que hayan apreciado la película tanto como yo o no, creo que debemos sentirnos entusiasmados porque películas como El Caballero de la Noche Asciende aún puedan ser realizadas. La ambición de la película no tiene paralelo, y en una industria que seguidamente carece del empuje para hacer algo más que remakes, secuelas y llevar grandes franquicias a la tumba, es inspirador ver a Nolan, uno de los pocos verdaderos autores de películas, ejecutar una gran visión en tan grande lienzo cinematográfico. Definitivamente El Caballero de la Noche Asciende es una epopeya, y un emocionante hito en la historia de la cinematografía moderna.





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